Leonardo Vega
El cazarrecompensas sin destino
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¿QUIÉN ES? ˙⋆✮
Dereck es alguien simple.
Vive al día. Hace sus encargos, reclama la recompensa, se echa un buen festín y busca un lugar en el que dormir. Así vive su vida, sin muchas aspiraciones más que estar tranquilo (tan tranquilo como un cazarrecompensas de su calaña puede estar).
No da por sentado nada, le parece que todos los acumuladores de riqueza son estúpidos por asumir que vivirán lo suficiente para gastar todo lo que se embolsan. No suele postergar las cosas, ni “dejarlo para mañana”. Prefiere vivir pensando que lo único que en realidad tiene es el hoy.
Es bastante recursivo, por lo que es difícil que un obstáculo lo frene. Aunque decir recursivo, no significa que le guste complicarse. Dereck es fuerte, y lo sabe. Por lo que su herramienta más valiosa y a la que más recurre es precisamente esa, la que más conoce, la violencia.
A pesar de eso, no es alguien abusivo, no disfruta de enfrentarse a aquellos que son mucho más débiles que él, y le gusta pelear en igualdad de condiciones (un poco difícil, considerando que la criaturita es una masa de músculos de 1.98m)
No le da muchas vueltas a las cosas y no es que tenga constantes debates morales. Es fiel a sí mismo y a lo que cree, y si en ese momento te parece correcto, así lo hará.
Estas cualidades lo han convertido en algún muy estable e inamovible. Y aunque en un primer momento pareciera alguien con quien se puede contar, Dereck es alguien solitario que no se junta con grupos ni deja estar a las personas demasiado cerca de él. No confía en nadie, y crea barreras emocionales porque para él, la afectividad y vulnerabilidad es darle a otra persona las instrucciones exactas de como acabar contigo.
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SU HISTORIA ˙⋆✮
Dereck es de un pequeño pueblo costero, dónde los inviernos son fríos y el mar es violento. No es el lugar paradisiaco que normalmente se te vendría a la cabeza si piensas en playa, pues sus olas son indomables y sus costas están llenas de grandes piedras; el aire viene cargado con un aroma salado y los vientos son lo suficientemente fuertes para mover las embarcaciones de los pescadores.
Este lugar no tiene mucho más que mar, y mar, y más mar. Es un pueblo principalmente pesquero, su principal fuente de sustento viene de las grandes redes que se echan diariamente a sus costas, hacen joyería con conchas y caracolas, incluso le ha encontrado uso a las algas que suelen quedar esparcidas sobre la arena.
Su familia es trabajadora, y naturalmente como muchos habitantes del lugar, tienen una tienda de pescado. Se podría creer que mantener un negocio así en un sitio donde la gente terminaba harta del pescado al final del día sería difícil, sin embargo, el padre de Dereck es un buen pescador, dedicado a ello desde su temprana juventud, por lo que los peces que llegaban a su tienda eran más grandes que los que se acostumbraba, además, solía hacer largos viajes a pueblos vecinos para comerciar con su mercancía más fresca.
A Dereck nunca le faltó nada, ni un plato de comida, ni un par de botas que usar, pero desde siempre entendió el trabajo que eso requería. Su padre, madre y hermanas, cada uno de ellos desempeñaba un papel. Su padre y su hermana Celia, salían por las mañanas y regresaban con la carreta llena de por las noches. Su hermana Pia y su madre, le quitaban las escamas a los pescados, los lavaban, organizaban y mayormente atendían la tienda. Los trabajos de Dereck variaron mucho con los años, pero en cuanto cumplió cierta edad y empezó a desarrollar músculo, reemplazó a Celia en la tarea de acompañar a su padre, jalar la carreta, y pescar todo el día.
Cuando cumplió 15, acompañó a su padre por primera vez a un pueblo cercano a vender. Los caminos eran largos, pero silenciosos, Dereck los disfrutaba bastante, escuchar los grillos a la distancia, el choque de las hojas, sentir el calor del sol de medio día. No disfrutaba tanto el olor del pescado, ni lo pesado de la carreta, pero le gustaba sentirse útil.
Aunque su padre solía acompañarlo, eventualmente, esta tarea pasó a ser solo suya. Se acostumbró a los caminos, a los viajes largos y silenciosos, a la irregularidad de la rueda derecha de la carreta, a rechazar los rebajas, entender los intercambios.
La vida era buena, pero había momentos difíciles. Durante las heladas los peces escaseaban y la cantidad de comida en sus platos se veía considerablemente reducida. En invierno la gente gastaba menos, despreciaba más, pero nunca antes hubo una temporada tan difícil como lo fue esa.
Dereck, por primera vez, a pesar de no llevar mucho pescado en primer lugar, regresaba a su pueblo con la carreta casi llena y apenas un par de monedas de oro en la bolsa. El ambiente apestaba, las moscas se adherían a la carreta, escuchaba su zumbido. Las manos le dolían por el frío, sentía sus propios callos endurecerse con la temperatura. Era un mal día. Eso pensó Dereck incluso en ese momento.
Lo que no pudo prever es que estaba cerca de cometer el peor error de su vida. Quizás debió huir, quizás no debió aferrarse con tanta fuerza a la bolsa de monedas de oro, no por esa cantidad, quizás no debió pelear de vuelta.
Esos caminos eran solitarios, siempre escuchó de ello, que era un mal lugar para caminar de noche. Pero si no se daba prisa, todo el pescado de echaría a perder antes de que pudiera volver a casa. Se aventuró por ese sendero oscuro, con solo el sonido de la madera chacando contra la tierra.
Todo pasó demasiado rápido, ni siquiera vio la cara del tipo que intentó arrebatarle la bolsa con las monedas. Sintió un cuchillo cerca del cuello, la adrenalina lo hizo reaccionar, forcejeó, pataleo, recibió varios golpes. Tiró un fuerte empujón, y el encontrón terminó con el desconocido sobre la carreta, ahora rota, y sangre saliendo de su cabeza. Ya no se movía.
Esta persona no venía sola, Dereck escuchó una voz, alguien gritándole “¡oye, tú!”. Escapó. Corrió tan lejos como pudo, hasta un lugar que ya no reconocía. En el camino perdió la bolsa con las monedas; pero no solo eso, no había perdido todo, destrozó la carreta, perdió el camino y, ¿había matado a alguien?
No sabía que hacer, lo único que tenía claro, es que no podría enfrentarse a la mirada de su madre con las manos llenas de sangre y ni una moneda en el bolsillo.
No volvió nunca a su hogar, ni a su pueblo. Vagó por un tiempo, no era el más versado cazando, pero eso le fue suficiente para sobrevivir, al menos los primeros meses. ¿Qué sería de su vida ahora? ¿Cómo había terminado así?
En uno de los pueblos a los que llegó, se encontró frente a una posada, esperando que por la por el conejo que atrapó le ofrecieran al menos un lugar en el que dormir esa noche. La mujer en la entrada se negó rotundamente.
Un hombre alto y lleno de cicatrices, lo miró de arriba abajo, se concentró en el conejo en sus manos y después de eso solo dijo “Muchacho, un trabajo por una habitación” Le pasó unas monedas a la mujer “necesito alguien que pueda cargar como mula”
Dereck no lo dudo, no preguntó, movió costales toda la tarde, cavó la tierra, ignoró el olor a podredumbre que salía de ellos. Y cuando terminó, recibió su recompensa.
Al regresar a la posada el hombre no dijo mucho más, era de pocas palabras. Encendió un cigarrillo y Dereck vio como el humo lo seguía escaleras arriba. Se veía como alguien fuerte. “¿No tiene otro trabajo… que pueda darme?”
El hombre se rio en su cara, pero no dijo nada más. Dereck empezó a seguirlo a todas partes, cumpliendo todo aquello que le pedía hacer. No tardó en darse cuenta a que se dedicaba este hombre con el que se había encontrado, y sin darse cuenta, terminó más inmiscuido de lo que creía en el mundo de los cazarrecompensas.
Dereck nunca pedía mucho, solo un plato de comida y algo de beber, aunque con el tiempo empezó a pedir un cigarrillo cada tanto. Eso era más que conveniente para ambos, Dereck se había vuelto fuerte, se había esforzado en serlo para que nunca nadie volviera a pisotearlo como ese día, para no tener que volver a sentirse impotente. Había aprendido de quien para él era un hombre indestructible.
Aunque casi se podría decir que trabajaban juntos y lo hicieron por mucho tiempo, muy rápido entendió que en este mundo al que ahora pertenecía, la calidez y confianza que alguna vez sintió no existía. Porque en cuanto su cabeza tuvo precio y este hombre tuvo la oportunidad, no dudó en volcarse contra él y traicionarlo. Dejándole una cicatriz en el rostro que ahora cargará de por vida.
Otra vez huyó, estando seguro de que no volvería a cometer nunca el error de bajar la guardia frente a nadie.
Tiempo después, en uno de sus encargos fallidos, termina viajando con un pobre diablo llamado Ael. Que para ser la historia corta, lo intento matar (para ser justos, el encargo de Dereck era matarlo también, así que casi están a mano) pero fracasó.
Había una extraña seguridad en viajar con alguien que, incluso si quisiera, era tan débil que jamás podría hacerte ningún daño.
No lo considera un compañero, pero ahora viajan juntos completando encargos y acercándose peligrosamente de tanto en tanto. Su relación es algo complicada, pero espero dar detalles de ellos luego 🙂
